COMO AMAR SIN POSEER

El amor es un sentimiento de la especie que permite que dos perfectos desconocidos puedan establecer un vínculo en el que la especie rige la danza en el apareamiento. ¿Pero cómo se puede llegar a querer poseer al otro, creer que es lo mejor que te ha pasado en la vida, que sin él o ella no se es nada, o que lo es todo para ti? Todo para ti, es perderse el mundo, dar la espalda a una realidad y volar en un espacio de fantasía tras un “unicornio” que lleva a construir un castillo en el aire.

¿Cuántas veces no hemos escuchado “es que nos queremos mucho, nunca nadie me ha querido así”? ¿Pero qué significa que te quieren mucho, que le falta el aire si no estás?¿Palabras y palabras que llenan, alimentan aún más la fantasía de completud? El amor como posesión indica una inmadurez emocional que habla de querer encontrar el santo grial particular, la completud con esa madre fálica, que es la madre idealizada, que se le atribuye un poder y una completud en lo imaginario.

Se cae en la ilusión que ese ser imperfecto que somos, despedazado, incompleto ante la visión de otro, está completo con el espejismo de “la otra mitad”. Hay unas claras raíces infantiles en el amor como posesión. En todo ese proceso de celos, hostilidad cuando vienen a separarnos de la mamá, nuestro primer amor, se sigue actualizando cuando se atraviesan las relaciones, como sustitución de aquél. En el ser humano no se superan las cosas, sino que se incluyen, siguen vivas, latentes, asociadas en lo inconsciente y de alguna manera es como si revivieran, como un conjuro que se reactiva ante la llegada de una nueva relación. Es como un poso, una posición inconsciente que se reactiva con otros amores. Entonces no es a la persona de carne y hueso, la que tienes a tu lado, sino ese ideal, o la imposición de ese ideal. Son relaciones abogadas al fracaso, al hundimiento de un titanic particular, que cualquier iceberg los hunde. Creen ser tan indestructibles, tan soberanos, como si nada les fuera a derribar, que el batacazo es mayor. Comienzan por contárselo todo, si es que no puede haber secretos, se quiere saber todo lo que piensa el otro, hacen del otro uno, eliminando las diferencias, es decir, asesinando al otro de una manera simbólica, creando una jaula de oro, porque ¿cómo va a ser amor si me voy con mis amigos o amigas o hago algo que a mí me gusta hacer tengo que dejar que se quede en casa sin mí? Comienzan a renunciar, a sacrificarse, porque su amor es verdadero, puro…Lo que no saben es que las espinas se van tejiendo alrededor. No se puede querer ser más bueno que lo que la condición humana permite. Al final se termina cometiendo una “maldad”. Con tanto que te di, hagamos cuentas, yo quiero lo mismo.

Freud nos habla de una circunstancias también muy relacionada con el amor como posesión. Nos indica que aquel que ha sido el primero en satisfacer los deseos amorosos de la mujer, que han sido refrenados, reprimidos, durante largo tiempo, se establece en ella una servidumbre que garantiza una actitud de posesión que le otorga una resistencia contra otras tentaciones. Es la servidumbre sexual, done se puede llegar a depender en un grado extraordinario de otra persona con la que mantiene relaciones sexuales, pudiendo llegar a casos extremos donde hay una pérdida de voluntad propia y sacrificio de intereses personales. Es importante señalas que cierta medida de servidumbre puede considerarse normal, en relación con la defensa de la tendencias polígamas que acontecen. El factor decisivo es la magnitud de resistencia sexual vencida y secundariamente la concentración y unicidad que culminó en su victoria. La servidumbre suele ser más frecuente e intensa en la mujer que en el hombre, aunque el hombre en la actualidad suele ser más propenso a dicha servidumbre que en la antigüedad . Constituye la consecuencia de unas relaciones eróticas donde la mujer logra que venza su impotencia psíquica., y entonces él permaneció ligado a ella desde aquel momento.

Muchas relaciones singulares y de trágicos destinos suelen explicarse por este origen de la fijación erótica a una mujer determinada.

El amor no es incondicional, es un trabajo constante que hay que realizar, lo que ocurre que en esa inmadurez, esa forma de pensar el amor como infantil, genera conductas y comportamientos que van acompañados con sus correspondientes sentimientos. Por eso es importante la escucha de un psicoanalista. En la relación con el terapeuta se van a poner en juego todas sus tendencias infantiles y se van a poder modificar a través de la interpretación, transformando y produciendo en la persona cambios a nivel inconsciente, que van a poder generar otros sentimientos en la persona y otras formas de relacionarse.

En algunas ocasiones se decide ir a terapia de pareja, buscando “el último cartucho”, pero si no se está dispuesto a bajar las armas, a retirarlas, y dejarse decir, querer transformar algo en cada uno, se sigue repitiendo las mismas posiciones incluso con otras personas.

Al ser humano lo que más le cuesta es transformar posiciones anteriores que le han proporcionado placer. Sustituir los viejos amores idealizados por las personas de carne y hueso. El otro no nos pertenece, es otra persona que libremente ha decidido estar con nosotros. ¿Quién quiere esta en pareja así? Lo que le pasa con la pareja también le pasa con la vida, ese afán por controlar, tenerlo todo en tarros de cristal para no enfrentarse a la incertidumbre de la vida, a los cambios que requieren el encuentro con las otras personas, a abandonar cierta cuota de mi famosa personalidad y construir algo que no estaba. Dejarse llevar por las palabras por venir, los propios deseos que se ponen en juego cuando uno se deja llevar. Así que si nos conciliamos con nosotros mismos esos deseos pueden hacer de la vida un viaje maravilloso. Amar poseyendo al otro no es amar.

Laura López, Psicoanalista Grupo Cero y

terapeuta de parejas

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CRISIS DE PAREJA ¿SEPARARNOS O SEGUIR?

Hay parejas que en el camino de su convivencia llegan a un punto que es una encrucijada. ¿Qué camino tomar? ¿Seguimos juntos a pesar de que no nos soportamos? ¿O bien nos separamos? Tomar la decisión más adecuada no es fácil, teniendo en cuenta además que las pasiones del momento no son buenas consejeras. En muchas ocasiones se ha dado el caso en el que se ha interpuesto una demanda de divorcio y, una vez a punto de firmarlo, deciden retomar la relación. No sin serias dificultades porque ¿cómo queremos que las cosas cambien si siempre hacemos lo mismo? Una crisis denota un cambio en la manera de producir el rumbo de la relación. Es el momento de parar para replantear.

Las crisis en las parejas pueden traer progresos. Sabemos que las relaciones que no encuentran obstáculos son poco fructíferas pero hay que estar dispuestos a trabajar para que ciertas transformaciones se produzcan.

Hay quien pretende utilizar la terapia para corroborar quién tiene la razón, cuál es la postura correcta. En otras hay una demanda constante “tú tienes que cambiar”, “tú tienes que..” En otras hay un nuevo giro en la vida, se suma una nueva etapa (nacimiento de los primeros hijos, cambio de trabajo, la educación de los hijos, crecimiento personal de cada uno…) que necesita un replanteamiento de ciertos pactos, formas de pensar, que deben renovarse. Vidas insatisfactorias, o con imposiciones constantes donde se coarta la libertad del cónyuge, exigencias, o aún permaneciendo en el ideal de pareja, sin tener en cuenta la persona real, la de carne y hueso que se tiene delante, o estancarse en la ideología de sus familias de origen, sin haber podido construir jamás la familia propia, siempre aludiendo a lo que es normal y lo que no, sin capacidad de creación, donde no es cuestión de imponer una forma de convivir u otra, sino producir la propia.

Callarse es exaltar el conformismo, o una agresividad oculta en el silencio, una lenta agonía que les apaga. Hablar conlleva aprender a hacerlo, si arremeter, sin juzgar, ni huir. Y en eso la terapia es muy eficaz.

En ocasiones se viven vidas que corresponden a vidas pasadas, un intento de calcar los moldes de sus familias que naturalmente no funciona, o colocarse inconscientemente en posiciones infantiles donde se pone al otro en el lugar del papa o la mamá, y ahí se pierde el deseo. No se toleran las diferencias, si es que “tenemos que tener los mismos gustos para llevarnos bien “¿entonces con quién estás, contigo mismo en el otro? Soy yo siempre en el otro. Cada vez más lejos del mundo, se convierte en una cárcel de la que se es difícil salir con el amor como posesión. El amor conlleva un trabajo, porque el enamoramiento es un flechazo, un ensimismamiento con el ideal, pero el amor viene con los años, respetando, tolerando el crecimiento también personal, produciéndose en libertad, porque partimos de la base que son dos personas que en libre elección deciden continuar juntas.

A veces es mejor separarse, es cierto . Las personas se conocen en un trecho de la vida que después resulta que es mejor no continuar. Pero otras, deciden jugar a vivir en esa relación, a hablar, a poder transformar ciertas cosas que también se pueden repetir en otras relaciones posteriores. No sabemos qué pasará.

La terapia de pareja es un viaje a través de la palabra, donde hay que comprar el billete y estar dispuesto a dejarse sorprender por las palabras venideras, por lo que se irá construyendo en el camino con las transformaciones que permite la labor psicoanalítica.

Separarse o seguir. Detrás estas palabras, que es lo aparente, lo manifiesto, habrá que averiguar y producir, de qué o de quién se quiere uno separar. Tal vez de una forma de pensar, o de tendencias que impiden a la persona relacionarse en el amor y el deseo. Si se está en el verbo amar, siempre hay a quien amar. Habrá que ver en qué desvíos de la palabra está cada uno en qué formas de pensar. Hay formas de pensar que impiden amar.

El inconveniente de las crisis es la pereza, conformarse con lo que hay, no querer luchar por superarlo. Ahora es cuando puede aflorar lo mejor de cada uno. Sostenerse en los ideales no funciona. Mejor, comenzar a construir, que no es sin palabras.

La terapia de pareja ayuda a tomar las decisiones más adecuadas, establece una escucha de los procesos inconscientes de las personas, que se ponen en juego en las relaciones y que tiene que ver con el infantilismo, con conflictos con el deseo que se manifiestan a través de ciertas conductas, desavenencias, conflictos, sentimientos, manifestaciones en vosotros. Toda crisis necesita de un cambio. Es vuestra oportunidad. Comprar el billete te garantiza un apasionante viaje. Sólo después sabremos.

Laura López, Psicoanalista Grupo Cero y terapeuta de parejas

CELOS PATOLÓGICOS

Los celos, como la tristeza, son estados afectivos normales. Son primordiales, nos constituyen y tienen que ver con nuestra mamá. Es un reajuste, una actualización de esa situación infantil. Aunque estés con un hombre o una mujer, esos celos son por mamá. No se pueden dejar de sentir, pero la cuestión es qué hago con ellos.

Reflejan ese amor a la madre de aquella etapa, un amor posesivo, excluyente, donde es suya y de nadie más. Cuando aparecen los hermanos, el papá, el otro se convierte en el rival. Podemos incluso comprobar esa hostilidad frente a los hermanos, donde ante la llegada de un nuevo hermanito, hay que ayudarles a que incluya esa nueva relación en su vida. Sienten que son destronados de esa posición de “rey” o “princesa” del hogar. También con el padre van a surgir sentimientos de rivalidad, porque viene a indicarles que la mamá no es suya. Así, tiene una relación con el papá, o con el trabajo, cualquier cosa que les separa de ellos.

Hay un sentimiento de tristeza, de desgarro, de hostilidad hacia el rival y culpa asociada (qué he hecho para que no me haga caso)

Estos son los llamados celos normales que claro, vemos se actualizan en nuestras relaciones con los amigos, compañeros de trabajo, pareja también. Hay frases que hablan de esto. Viene alguien nuevo y vemos que el compañero de trabajo que tantas buenas migas hacíamos ahora pasa más tiempo con el nuevo. ¿Ya no te acuerdas de los compañeros eh? O actitudes de enfado o rencor a través de ciertas acciones en el trabajo, con los amigos, que no podría tan siquiera explicarlas la persona que las realiza, o son razonadas fehacientemente, y que tienen sus raíces en los celos.

Hay que diferenciar los celos de la envidia, porque la envidia es más primitiva, y tiene que ver con algo que a mí me falta y que atribuyo que el otro tiene, donde lo que importa es destruirlo. Hay dos personas participando y en los celos son tres. Los celos también pueden ser motor de cambio, depende cómo se piensen las situaciones, si me dejo embargar por esos berrinches infantiles o puede despegarme de esos sentimientos y no padecer de ellos. Pueden llegar a destruir si no se transforman. Ahí hablo de mi forma de amar infantil, donde hay reajustes, y me cuesta sumar, interpreto las situaciones como que me dan de lado. Pueden ser un motor de cambio porque en esa rivalidad con los otros, lo puedo utilizar para mejorar. Los celos también son deseos.

Todo el mundo siente celos, incluso podemos llegar a decir que quien más fuertemente los niega, es porque se encuentran en forma reprimida, y padece de ellos. No es lo mismo mantener una relación hostil con la otra persona, montar una escena de celos a la otra persona que utilizarlos para transformarse. Es que claro, depende de cómo lo piense, puedo llegar a creer que si no siente celos por mí es porque no me quiere, cuando en realidad hablas de ese querer infantil. Por eso muchos autores recomiendan una escenita de celos de vez en cuando, leve, para hacer creer al otro, que está en esa teoría, que le queremos.

¿A qué podríamos llamar celos patológicos? Podríamos llamar a los que hacen síntomas en nuestra vida, es decir, se repiten e impiden el cauce normal de las relaciones.

Están los celos concurrentes o normales, los proyectados y los paranoicos.

Los celos proyectados nacen de las propias infidelidades o de la fantasías inconscientes de realizarlas . La fidelidad exigida sobre todo en el matrimonio, lucha siempre contra incesantes tentaciones. Entonces, quien niega enérgicamente tales tentaciones les conlleva una presión que para aliviarla la proyectan en la persona a la que supuestamente tienen que guardarle fidelidad, de manera que su propia conciencia le absuelve. Es una forma de mitigar la culpa. Es un mecanismo inconsciente. Es como si dijera: no soy yo quien desea, sino mi pareja.

Socialmente vemos que se incluye está cuestión de gustar, ser deseado y conquistar en lo que denominamos el flirteo, la coquetería, vemos que es algo habitual y que se encuentra más o menos permitido dentro de los cánones morales, de alguna manera también para preservar esta cuestión de los deseos de infidelidad. La monogamia es una posición en el amor difícil de conseguir, puesto que la infidelidad es una constante en nuestra vidas. Tenemos que ser infieles a nosotros mismos, a nuestros gustos, a nuestra forma de pensar para desarrollarnos. Somos infieles en nuestras fantasías conscientes y en las inconscientes. Además, partimos de que el primer amor, la madre, hemos de ser infieles para poder construir un destino.

Pero quien es muy celoso o celosa lo niega, no cree posible que ese flirteo pueda ser incluso una salvaguarda a esa cuestión con la fidelidad, pudiéndose realizar un desvío desde esa pasión despertada por un tercero hacia la propia pareja. Hay una imposición de una moral intachable imposible de alcanzar, que habla de que sus deseos están fuertemente reprimidos y actúan proyectando entonces en su pareja sus fantasías propias de infidelidad.

Los celos más graves son los delirantes, que nacen también de tendencias infieles reprimidas, pero las personas objeto de su fantasías son de carácter homosexual. La feminidad y masculinidad son dos constructos teóricos de contenido incierto. En todo hombre hay una parte también femenina y en toda mujer una masculina. El deseo no tiene objeto, se posa, se transmuta, se desliza en cualquier objeto, persona, lo cual no quiere decir que realmente se persiga mantener un encuentro genital con la persona del mismo sexo, es decir, no quiere decir que se defina como una persona homosexual, sino que los deseos homosexuales están en todas las personas. Nuestra constitución psíquica es bisexual, el primer objeto de amor para el niño y la niña es la madre.

Es como si correspondiera a la fórmula: no soy yo quien le desea, sino ella, si es un hombre el que está sometido a estos celos delirantes, que es una forma de paranoia, y también en la mujer: no soy yo quien la desea, sino él.

Así reconocen la infidelidad en la pareja ampliando gigantescamente en su conciencia dicha infidelidad y consigue mantener inconsciente la suya. Además que son deseos muy prohibidos para la persona, que su moral no tolera.

Una persona muy celosa puede llegar a suprimir sus relaciones con los demás, sus tendencias y no aceptar lo que a los otros también les pasa, que también tienen que ver con él o ella. Los celos también tiene que ver con sentirse solo, es decir, rechazar a los demás, sentirse excluido. No recorre el camino para construir relaciones amorosas, sino que pretende infundir piedad, para que le quieran.

En el amor posesivo, pasional, celotípico, se pretende. además de que el otro sea todo para la persona, ser también todo para el otro. No es objeto de su deseo, sino de su necesidad, irreemplazable. Parece más un deseo canibalístico, hacer de dos, uno. Una relación infantil del momento idílico con esa función madre que le salva la vida cubriéndole sus necesidades.

También podríamos preguntarnos si se está en una relación donde alguno de los miembros los manifiesta de manera permanente, que forma parte de la interacción de ambos. Uno puede llegar a sentirse molesto y ofendido de forma consciente, pero inconscientemente también de alguna manera atraer o producir este tipo de relaciones. De forma que le llama, le controla, pero a la vez la otra persona también le coge el teléfono y sabe dónde está, por ejemplo. Es una red de complejos psíquicos inconscientes que tienen que ser interpretados para que puedan ser otra cosa. Al igual que abonamos una planta y la regamos desde la tierra, porque sabemos que se desarrolla desde la raíz, le interpretación psicoanalítica transforma desde la raíz, para que puedan florecer otros productos. Los celos son deseos. Mejor revisar la ideología de la que se padece, porque esto hará que se generen unos sentimientos u otros. Los sentimientos mienten, dependen de mi forma de pensar, que es inconsciente. No sé de ella sino por los efectos.

Laura López Psicoanalista Grupo Cero

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Sabemos la importancia de una adecuada salud mental y que en la situación actual de crisis cobra especial relevancia.
El futuro se construye en base a unos buenos cimientos, una adecuada gestión de lo psíquico.
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APROVECHA LA CUARENTENA PARA ESTAR DESPUÉS EN LAS MEJORES CONDICIONES. Laura López, Psicoanalista Grupo Cero y Psicóloga colegiada AO 06010.
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CIERTAS PRÁCTICAS SEXUALES PRODUCEN ANGUSTIA

La angustia es un estado normal que acontece en todas las personas antes de realizar cualquier actividad. Nos previene del susto, es un estado de alerta, donde prepararnos ante cualquier estímulo. Por ejemplo, cuando conducimos no estamos del todo relajados, sino que tenemos un grado de activación que nos permite reaccionar de manera que no recibamos un impacto con un cuantum de energía muy elevado que nos sería dificultoso gestionar. Porque los estímulos tanto internos como externos se elaboran a través de lo psíquico. Nuestro aparato anímico hace efectos de descarga, donde en el incremento de tensión esa energía psíquica o libido tiene que liberarse, y a veces lo realiza en forma disfrazada, en calidad de satisfacción sustitutiva o síntoma.

De un peligro exterior se puede huir ¿pero qué ocurre cuando es un peligro interno, es decir, ciertos deseos, pensamientos, que no son tolerados y que actúan en nosotros buscando un exutorio?

Es la angustia neurótica, donde no se puede huir de los propios deseos, reprimidos por un complejo mecanismo psíquico por ser intolerados, por no poder manejar ese cuantum de energía y que actúan en nuestra realidad, la salida del afecto, es en forma de síntoma (sensación de ahogo, taquicardia, vértigos, fatiga constante, sudoración, insomnio, miedo a volverse loco…). Así desaparece la excitación libidinosa y aparece en forma de angustia.

El factor sexual es un factor muy importante en calidad de lucha de fuerzas en nuestro aparato psíquico. La frustración en la sexualidad ante el incremento de la cantidad de excitación puede tener unas consecuencias u otras y que algunas veces son indeseables, incongruentes, y que de nada se sabe de ellas sino es por la interpretación psicoanalítica. Las excitaciones frustradas no derivadas y que no llegan a un término satisfactorio, desaparece la excitación libidinosa y da paso a la angustia. Pasa por ejemplo cuando en parejas donde el marido no tiene una potencia sexual normal, cuando se abrevia el acto sexual o se interrumpe. Sí ¿no sabían que ciertas prácticas como el coito interrumpido o marcha atrás, en su persistencia, produce angustia? Sobre todo en las mujeres. Cuanto más libidinoso es el temperamento de la mujer y encuentre en sus relaciones una amplia satisfacción, su reacción ante el coito interrumpido será mayor, con manifestaciones de angustia. En cambio, si la mujer es anestésica sexual o poco libidinosa el efecto no será tan intenso.

También es cierto que la abstinencia o restricción sexual y la angustia son directamente proporcionales. Es interesante observar cómo en fases de la vida como la pubertad y la menopausia, donde se favorece la exaltación de la libido, son las etapas donde aparecen numerosos casos de angustia. Por ejemplo, en la adolescencia existe la llamada “angustia virginal” y en la menopausia los típicos sofocos, acaloramientos, que en ambos casos tienen que ver con un desbordamiento, una inadecuada gestión psíquica de los deseos sexuales. La sexualidad en la mujer en esta edad, ya no está ligada a la reproducción, y hay un incremento de la libido.

El sexo no cae, y el Psicoanálisis permite simbolizar, a través de la palabra, la conflictividad psíquica entre los deseos y la moral. La moral sexual cultural indica formas de vida, renuncias, donde vemos que todas las personas no tienen las mismas necesidades y disposiciones, y que las vías en las que se resuelven estos conflictos pueden ser o bien la insatisfacción, la culpa o los trastornos nerviosos. Lo sexual en el ser humano es todo lo tocado por la palabra y quien no pueda gozar de algo que es propio de la especie, no puede gozar de otras cosas. El psicoanálisis permite que la sexualidad, pueda ser otra sexualidad, más acorde a tus deseos y necesidades, teniendo en cuenta también la realidad.

Laura López, Psicoanalista Grupo Cero

CUANDO NO SE PUEDE PASAR PÁGINA. TERAPIA PARA EXPAREJAS

Las rupturas, en muchas ocasiones, se producen no sin dolor por ambas partes. Ir dejando atrás esa relación, los lazos que les mantenían unidos, requieren de un gasto energético y de una capacidad de sustitución.

Vivir, desde que nacemos, está articulado en las separación: tanto de la función madre como de nosotros mismos para poder desarrollarnos. Vemos que hay relaciones que tienen serias dificultades para hacerlo, convirtiéndose en un cruce de acusaciones y reproches. Pueden llegar a odiarse durante toda la vida.

Cuando hay hijos de por medio hay que tener en cuenta que, aunque ya no haya una relación sentimental, de pareja, ha de haber una relación cordial donde poder llegar a acuerdos por el bien de los hijos y donde poder ofrecerles un marco de estabilidad y seguridad. Aunque ya no exista la pareja, sí que siguen estando los progenitores. Utilizar a los hijos como moneda de cambio para hacer daño al cónyuge y hacer competencia con el otro, es algo que, desgraciadamente, ocurre.

La cuestión económica encubre venganzas hacia la expareja, al igual que la lucha por la custodia de los hijos. Cuando no se pueden llegar a acuerdos es porque ya no se está mirando por el bien de los mismos, sino dejándose llevar por una batalla de afectos enquistados que necesitan de la regulación de una ética y una ley. Una escucha profesional donde puedan ayudarle a drenar afectos y a transformar el cauce de los mismos, es de máxima ayuda en estos casos. Hay personas que dedican su infelicidad al otro, porque de manera indirecta es como si los fastidiaran, y más cuando hay un vínculo donde los hijos son esa fina linea.

Hay relaciones que se convierten en una auténtica trama de venganzas, situaciones rocambolescas que ponen en juego el narcisismo, la hostilidad, los celos, la envidia… La agresividad puede aparecer en forma solapada, con la pasividad del silencio, donde se establecen muros en los que darse de bruces.

Relaciones donde el odio sigue uniendo a esas personas, es indicativo de no poder pasar página. Puede ocultar un amor y un deseo encubiertos, transformando esos afectos en lo contrario. Aún esa relación amorosa está en el presente, pero en la forma en que pueden salir a la luz esos afectos: odiando. Además, se aprovecha cualquier cosa que esté incluso en el orden de lo razonable para mostrar esas cuestiones reprimidas.

Cuando una persona no es sustituible y aún permanece ligada en forma de odio, habría que pensar qué significa esa relación para esa persona. Cuando no podemos sustituir a una persona por otra, hay que sospechar que esa relación puede tener hondas raíces en relaciones inconscientes con alguna figura familiar (padre, madre) donde se permanece enganchado a espectros inconscientes y donde la palabra y el lugar del otro están anulados. Puede estar actuando una novela familiar, donde se hacen realidad ciertas tendencias.

Del pasado no se puede vivir. Y lo que uno recuerda de lo que pasó no es lo que pasó. Una relación es cosa de dos, hay que ver la implicación de cada uno de los miembros en la producción de la misma. Aceptar que las relaciones se han producido de esa forma es también aceptar que a veces el deseo toma formas inusitadas y ya toca otra cosa. Si dos más dos son cuatro, y no se acepta, se puede llegar a producir una fantasía paralela, donde se utiliza cada señal para seguir anclado. Ha sido vuestra forma de amar, pero hay que aprovechar esto para aprender y crecer. A través de las relaciones es que vemos cómo se ama, como se construyen esos finales.

No hacer como dos niños en un cuerpo de adulto, porque los daños colaterales pueden ser mayores, sobre todo para con los hijos, que son los que pagan los platos rotos.

Darse otra oportunidad para producir unas relaciones más sanas. Al pasado ya no se puede volver y no podéis hacer de eso, vuestro presente. La responsabilidad y la madurez psíquica han de abrir paso a nuevas formas de amar y de conversar. Los juzgados están colapsados por esa incapacidad de llegar a acuerdos. Mejor aprender a amar y a conversar, no dejar que los afectos infantiles reprimidos pongan la zancadilla al bienestar y a la salud emocional.

Laura López Psicoanalista Grupo Cero

y terapeuta de parejas.

NO AGUANTO A LA FAMILIA DE MI PAREJA.

Sigmund Freud hablaba del narcisismo de las pequeñas diferencias, donde precisamente las diferencias con nuestros semejantes producen en los seres humanos hostilidad. Somos muy narcisistas, nos cuesta dejarnos transformar por lo nuevo, por nuevas relaciones, nuevos pensamientos.

Con las parejas, esto también ocurre, de forma que siempre hay rencillas entre familias. Aunque aparentemente no suceda, inconscientemente anida esta cuestión con el narcisismo. Es el narcisismo de las pequeñas diferencias, donde hay una “pugna” por ensalzar la familia de donde uno proviene y lo que es diferente, es rechazado. Por ejemplo, hay frases que hablan de esto de una manera más solapada, como cuando se dice “esto no me parece normal”. Habría que añadir “no me parece normal según de la familia de donde vengo, cómo me han educado. Lo mío es mejor. “

Vemos cómo generar una familia propia, dejando atrás las familias de las que uno procede, es harto complejo para el ser humano. Recordemos que una de las mayores rasgaduras para el ser humano es abandonar su familia de origen para incluirse en el mundo. Y con esto no estamos hablando de una distancia física, porque podemos estar a mil kilómetros de nuestros primeros familiares pero seguir anidando en sus frases, en sus modos de pensar y hacer. Es algo que cursa de forma inconsciente, donde lo vemos por los efectos en la realidad.

El amor conlleva una transformación, producir algo que no estaba. Y vemos que muchos de los conflictos que suceden en la pareja es por querer imponer el modelo familiar de donde se proviene. Es una imposibilidad, porque somos personas diferentes, con deseos y necesidades distintas. Es como si se quisiera repetir una historia anterior, porque uno de los lugares donde aprendemos a amar es en la familia. Pero sería una pobreza para el ser humano, no habría civilización si no se diera el paso para establecer otro tipo de relaciones.

Hemos visto cómo es inevitable que exista esta hostilidad hacia lo diferente, pero la cuestión es la manera en que renunciemos a ello. Si podemos pensar que esto es normal que suceda y no caemos en la afectividad del momento, podremos llevarlo mejor. El sentido del humor y el diálogo son muy importantes.

Cuando hay conflictos entre las familias políticas y los miembros de la pareja incluso se posicionan y se instala como un problema en la relación, tendríamos que sospechar que aún en esa pareja no se ha forjado una nueva familia, sino que siguen en las familias de origen, inconscientemente, y luchando por imponer su modelo. Si pueden elaborar su familia, también podrán poner límites a las de donde vienen, pero muestran esa imposibilidad a través de los familiares

También es cierto que hay miembros de la pareja que no aceptan que el otro provenga de donde proviene, y hay un rechazo enérgico a que haya contacto. Es como si se quisiera tragar al otro. Es importante esta cuestión, porque cuando dos personas siempre están de acuerdo, tiene más que ver con el sometimiento que con la proximidad o semejanza.

Hay una cuestión de la que nunca se habla pero que es un foco importante de conflictos entre familias. Tiene que ver con los deseos sexuales. Hay deseos que caen del orden de lo prohibido en las primeras figuras familiares y, por ende en las políticas. Todos conocemos los tabús y de cómo hay leyes establecidas de prohibición entre los miembros más cercanos de las familias desde la antigüedad. Pues bien, lo prohibido es indicativo de una tendencia en el ser humano a realizarlo, reprimida ya por la educación. Ahora es impensable ciertos acercamientos con familiares, pero en la antigüedad, hubo de imponer una ley para no llevarse a cabo y poder entrar en la civilización. Pero este deseo no desaparece, sino que permanece en calidad de reprimido, inconsciente.

Estos deseos son la fuente de nuestro psiquismo, el alternador de nuestra energía, pero que, en ocasiones, por un complejo mecanismo psíquico, donde nuestra moral no tolera eso que somos, podemos llegar a situaciones y manifestaciones extrañas a nosotros mismos. Como ejemplo de esto, Freud relata una paciente de unos cincuenta años que acudió a su consulta con su yerno y que versaba de celos irracionales hacia su marido, un hombre con el que llevaba décadas y que consideraba que era un matrimonio muy feliz. Había ocurrido un episodio con una criada joven, la cual le envió una nota anónima (hasta que descubrió que fue ella), acusando a otra muchacha de ser infiel con el marido de la señora, y que trabajaba en la fábrica del marido. Le profesaba sentimientos de envidia. Aunque no correspondía con la realidad la acusación, la señora entraba en angustia y los celos se apoderaban de ella. Tras el análisis se pudo reconstruir que en realidad esta señora adolecía de forma inconsciente de deseos hacia su yerno, pero como para ella era un horror tan siquiera sentirlos, transformaba ese deseo en ternura hacia él, y hacia su marido había proyectado sus propios deseos, de manera que se expiaba su “culpa”. Si su marido había estado con una mujer más joven, de alguna manera a ella también le era justificable inconscientemente desear a un joven. Era como un deseo realizado, disfrazado, por la conciencia.

La figuras de los suegros, las suegras, caen en ese lugar familiar de primeros amores (los padres), por lo que muchas de las tensiones con los mismos tienen más que ver con deseos irreconocibles ¿No le parece extraño que no se puedan llegar a acuerdos con personas adultas? Con los cuñados y cuñadas también pasa lo mismo, entran en ese orden de lo prohibido y fuertes tensiones y trifulcas pueden tener más que ver con deseos no tolerados.

También hay otras cuestiones en juego, donde la relación de los padres con los hijos es de tal magnitud, que hay una imposibilidad para generar un nuevo lazo con el partener. Así, hay madres que tratan a sus hijos como niños pequeños, o como su gran amor, como si de una pareja se tratase, y estos se dejan hacer, eclipsando la figura de la mujer. También ocurre con las hijas. Esto muestra una inmadurez en la pareja, donde se hace imposible el viraje hacia las nuevas relaciones.

También puede ocurrir lo contrario, es decir, siempre está la frase de no soporto a mi suegra, los chistes acerca de ella, porque hablan de la realidad anteriormente descrita. ¿Pero qué ocurre cuando la pareja de uno de los miembros no permite o no acepta la familia de donde viene su partener? Cursa como un sometimiento, donde nada le parece bien, hay un afán de control, donde no se permite “compartir” ese cariño con los familiares, cuando están en otro plano. Es otra de las formas de no aceptar la diferencia, negar de dónde viene la otra persona.

Hay que revisar la forma en que amamos y cómo se manifiesta en los conflictos con los familiares. Más allá de la familia política que “te toque” las relaciones se transforman. Y no olvides todas estas cuestiones que hemos expuesto. Cuando no se puede dialogar ni llegar a acuerdos tiene que ver con cuestiones reprimidas y parte, sobre todo, de la pareja. Cuando una pareja pueden hablar e ir llegando a acuerdos para formar su propia familia, no importa de dónde vengan. Si hay conflictos familiares que repercuten en esa pareja o nueva familia, habría que pensar que no son las familias políticas, son los propios miembros de ese núcleo familiar que tienen cuestiones en las que están anclados. Y éstas, son inconscientes, es decir susceptibles de transformar a través del Psicoanálisis.

Laura López, Psicoanalista Grupo Cero y Psicóloga colegiada

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LA COMUNICACIÓN EN LA PAREJA TIENE QUE VER CON HABLAR LO MÁS CONVENIENTE, Y SIEMPRE ESTÁ GENERADO POR LOS PROCESOS INCONSCIENTES

La comunicación en la pareja es uno de los problemas más frecuentes por los que se acude a terapia. Hablar no es tan fácil, porque no es la mera pronunciación de palabras. Para una buena comunicación hemos de tener en cuenta qué digo, para qué y a quien. También una cosa es lo que digo, digamos el discurso manifiesto, y otra lo que se esconde con eso que digo, que es lo latente. De esta manera, conversaciones aparentemente superficiales hablan de otras cuestiones de fondo que no pueden salir a la luz.

¿No les pasó alguna vez que, empecinados en algo superfluo, se ha despertado una tormenta emocional? Esto tiene que ver con que en realidad estaban implicados otros aspectos. ¿Y qué es lo que está implicado y que no se puede hablar? No es del orden de la conciencia, de algo que esté “tapado” y que no se quiera decir. Tiene que ver con lo que nos sobredetermina, los pilares de nuestro ser humano. Por ejemplo, nuestras estelas infantiles familiares, que en las relaciones actuales se ponen en juego. Así, puedo estar discutiendo con mi pareja y estar en posición de demanda, como si fuese aquel niño o niña con mi mamá. Las relaciones actuales son una sustitución de las primeras y hay formas de relacionarnos que tienen más que ver con posiciones infantiles que adultas, que ya requieren de pactos, postergar la inmediatez, alcanzar una madurez donde se incluyan las diferencias.

Es importante también que la pareja no es alguien a quien hay que contarle todo y de cualquier forma. A veces está más el ánimo de molestar que hacer lo más conveniente para la relación. Por ejemplo, contar detalles de lo que hago con otras personas y los sentimientos que me afloran, como si de un confesor se tratase, puede producir que se llene de fantasías y teja situaciones donde los celos le nublen. Tengamos en cuenta que la gama de afectos está en todos nosotros y la otra persona no es tu mamá a la que le contabas todo. Las relaciones adultas son más del orden de lo conveniente.

La conversaciones son un motor para producir deseos, pero claro, si le relato lo que he hecho en el día como si fuese una agenda, no estoy implicado, no me juego en el factor sorpresa. Es como si tuviese miedo de lo que las palabras puedan llegar a decirse entre sí. Hablar tiene que ver con dejarse hablar, que siempre se va a producir algo que no había planeado. Se goza cuando me veo sorprendido con las frases. Las conversaciones no se pueden prever como tampoco puedo saber lo que la otra persona va a responder. En ocasiones, es como si se pusieran vallas de contención, temiendo lo que soy pero desconozco ser.

Si no pones palabras con el otro te estás comunicando contigo mismo. Pero muchas veces, también se habla con uno mismo cuando no está la escucha y lo que importa es realizar el monólogo. Es un pensamiento anterior la razón. En Descartes, era pienso luego estoy, pero desde el pensamiento psicoanalítico es pienso donde no soy. En la comunicación en pareja a veces se está en el pensamiento de Descartes, donde se cree que es del orden de la razón, de quién lleva la razón. Y luchan racionalistas, empecinados, en cuál es la verdad. La verdad es que se construye cada vez en las conversaciones, tolerando que la otra persona no tiene que pensar como yo pienso, ni es una lucha de poder en quien impone de la familia de donde proviene. Y esto lo veremos más adelante.

Hay quien se queda estancado en frases, en el rencor del pasado, y parece que no ha pasado el tiempo. Siguen sentados en las palabras anteriores que son del orden de lo que uno ha interpretado. Cuando algo afecta es porque ya se está afectado y la mayoría de las veces no tiene tanto que ver con las frases, sino lo que se piensa de ciertas cuestiones que en esa interpretación, explota. Mejor hablar para no permanecer en el rencor. La comunicación también tiene que ver con deshacer, a través de las palabras, afectos enquistados.

Comunicar, hablar, tampoco es acusar al otro. Hay quien no puede llegar a un acuerdo con nada, sino que se mantiene en una posición infantil donde el “tú has hecho tal o cual” se instala como acusación y se toma parte en la implicación de cada uno ni se puede transformar en nada las situaciones, porque lo único que se consigue es mantenerse a la defensiva ante el próximo ataque.

Como vemos, la comunicación no es algo tan sencillo, porque también requiere de poder entregarse a las conversaciones, escuchar, poder dejar los afectos a un lado para que las palabras puedan actuar, ser los pasos venideros para el acercamiento. No es sin palabras que el amor puede construirse, son el puente para el futuro.

Laura López, Psicoanalista Grupo Cero y Terapeuta de Parejas

HABLAR NO ES ACUSARSE NI ECHARSE COSAS EN CARA. CUANDO NO SE QUIERE TRABAJAR EN LA TERAPIA.

Hay personas que acuden a terapia de pareja buscando un juez, alguien que dicte un veredicto para ver quién tiene la razón, quién de los dos está equivocado para seguir aferrados a su lógica y sus razonamientos. El amor tiene que ver con la generosidad, con transformar ciertas formas de relacionarse que están más en relación con la soberbia y con cuestiones enquistadas que “saltan” ante cualquier situación que se denominan “discusiones tontas”. A través de esas disputas se ponen en juego hostilidades, formas de pensar como lo que tiene que ser una pareja y no coincide con la persona que se tiene delante, cosas del pasado que aún siguen ahí y que se lanzan disfrazadas como un arma arrojadiza.

Hablar no es eso que dicen, de acusarse y echarse las cosas en cara. Es poder respetar al otro, tolerar las diferencias, no querer imponer formas de hacer. Es transformarse en la relación, poder llegar a acuerdos donde se pueda conversar tranquilamente.

El terapeuta os ayuda en ese proceso, pero no es un juez, ni una mamá que os dice lo que tenéis que hacer, la solución la tenéis que encontrar vosotros, guiados por la escucha y las interpretaciones del terapeuta.

Si hay una resistencia a hablar, a desvelar eso que de mí ni siquiera sé, y que se produce en las conversaciones, el terapeuta no es un adivino, no tiene una varita mágica que tiene las respuestas a todo con nada más veros. Es un profesional, alguien que trabaja y se implica en escucharos, pero la escucha tiene que ver con la palabra.

Eso que uno acusa y echa en cara, se convierte también en una lanza contra el terapeuta, donde se trata de invertir los papeles y lo utilizan también para acusarle y echarle en cara de eso que no me das y que yo necesito, como le pasa con sus otras relaciones. Se transfiere de relación en relación.

Estar en la demanda infantil, no jugarse ni querer transformar en nada la forma de relacionarse, seguir acusando y echando en cara, pero sin querer invertir en un espacio para trabajar.

La situación en la que estáis ya responde a una forma de pensar, a una tendencia donde no es cuestión de pautas, pasos, eso es algo superficial y muy genérico que no sirve para nada. Tal vez tendríais que pensarlo de otra manera ¿qué os lleva a estar en esa situación, a llevar las discusiones hasta ese punto? Para poder indicaros hay que establecer esa relación. Cuando uno se apunta a la autoescuela en la primera clase no se puede pretender saber ya conducir. Tiene que haber un trabajo, una constancia, donde se van estableciendo los pasos y ahí es cuando se pueden hacer indicaciones.

Si no, estamos hablando que puede haber un deseo de separarse o de seguir aferrados a esa forma de relacionaros, que, en muchos casos, es lo que más une, un síntoma que hace sufrir para tomar venganza hacia el otro.

Laura López, Psicoanalista Grupo Cero,

psicóloga y terapeuta de parejas

TERAPIA DE PAREJA, UN GRAN ACIERTO CUANDO LAS COSAS VAN MAL (artículo publicado en el diario La Razón)

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Muchas parejas se casan pensando que será para siempre pero lo cierto es que la cifra de separaciones y divorcios crece día a día. Permanecer años con la misma pareja se ha convertido poco menos que en una excentricidad. Laura López, Psicoanalista Grupo Cero y terapeuta de parejas, comenta que muchos de los problemas en la actualidad tienen que ver con no aceptar al otro y no tolerar las diferencias. Querer que la pareja sea como se piensa, revela, es un gran error y motivo de muchas rupturas. Anula el goce cerrando la puerta a la libertad y al deseo.

Esta profesional hace hincapié también en los problemas en la comunicación, donde puede estar muy interrumpida. Hay personas, señala, que llegan a confundir pensar, con hacer y hablar y son planos diferentes. Hablar es no contar, decirle a la otra persona lo más conveniente para la relación. Utilizar al otro como confesor, insiste, o de mamá a la que se le cuenta todo para tranquilizar la conciencia o recibir aprobación, es indicativo de inmadurez emocional. La escucha, resalta, también es imposible cuando “escuchar es escucharse a sí mismo en las palabras de otro.”A veces, apunta, se llena la cabeza de fantasías raras a la persona, produciendo celos y malestar y un daño importante. “Las palabras tienen consecuencias y por ello es necesario aprender a hablar, porque no hay mayor afrodisíaco que las palabras, y es lo que produce puentes para el acercamiento con el otro”. Pero también, afirma Laura López, “pueden hacer mucho daño”.Hay deseos inconscientes, explica, que se satisfacen en situaciones sufrientes: renuncias que se convierten en venganzas, hostilidades “enquistadas”, celos, envidia etc. que se ponen en juego de maneras incomprensibles, a través de discusiones “tontas” y que parecen ajenas a la persona.

El psicoanálisis en el seno de la terapia de pareja, declara, es una herramienta de máxima utilidad, porque ayuda a determinar y a transformar los conflictos con uno mismo y las trabas en las relaciones. Supone un autoconocimiento y una transformación de los aspectos infantiles que dificultan las relaciones. En los seres humanos, resalta, siempre hay contradicciones que se desconocen y que, bien canalizadas, son una fuerza y energía inestimables para la relación.La terapeuta de parejas explica que cuando no se tienen en cuenta los deseos y necesidades de cada uno, junto con la falta de acuerdos, llegan a convertirse en una olla a presión que estalla ante cualquier roce. Los celos, las infidelidades, el aburrimiento en la relación, la falta de deseo, los problemas en la sexualidad, conflictos con las familias políticas, discusiones continuadas etc. son motivo frecuente de consulta, explica, aunque hay personas que acuden para producir unos buenos cimientos emocionales y sexuales.

La forma de amar y desear, apostilla, transcurre de manera inconsciente en las personas y tienen su base siempre en aspectos afectivo-emocionales y sexuales reprimidos infantiles.

Los celos, apunta, se convierten en un campo de batalla porque pueden llegar a ser tan ilógicos, tan irracionales, que exigen muchas renuncias y pruebas, no siendo nunca suficientes. Lo que realmente ocurre, explica, es que son deseos que están en la realidad psíquica y que se disfrazan y se proyectan en la pareja, haciendo de espejo. Tienen que ver con los deseos propios de infidelidad, o deseos no reconocidos hacia las personas que se señalan. Los deseos no tienen ética ni moral, subraya Laura. Son mecanismos psíquicos complejos.En cuanto a la infidelidad, ella insiste en que no hay que dejarse llevar por lo aparente, hay una lectura diferente en cada persona y cada pareja que necesita de una interpretación, con ayuda del Psicoanálisis.

Laura López, Psicoanalista Grupo Cero y terapeuta de parejas, señala que la terapia de pareja es muy beneficiosa para la persona, porque además de mejorar y transformar las relaciones en la pareja, es una ayuda inestimable para todos los aspectos de la vida. La terapia es productora de deseo, finaliza.