HABLAR NO ES ACUSARSE NI ECHARSE COSAS EN CARA. CUANDO NO SE QUIERE TRABAJAR EN LA TERAPIA.

Hay personas que acuden a terapia de pareja buscando un juez, alguien que dicte un veredicto para ver quién tiene la razón, quién de los dos está equivocado para seguir aferrados a su lógica y sus razonamientos. El amor tiene que ver con la generosidad, con transformar ciertas formas de relacionarse que están más en relación con la soberbia y con cuestiones enquistadas que “saltan” ante cualquier situación que se denominan “discusiones tontas”. A través de esas disputas se ponen en juego hostilidades, formas de pensar como lo que tiene que ser una pareja y no coincide con la persona que se tiene delante, cosas del pasado que aún siguen ahí y que se lanzan disfrazadas como un arma arrojadiza.

Hablar no es eso que dicen, de acusarse y echarse las cosas en cara. Es poder respetar al otro, tolerar las diferencias, no querer imponer formas de hacer. Es transformarse en la relación, poder llegar a acuerdos donde se pueda conversar tranquilamente.

El terapeuta os ayuda en ese proceso, pero no es un juez, ni una mamá que os dice lo que tenéis que hacer, la solución la tenéis que encontrar vosotros, guiados por la escucha y las interpretaciones del terapeuta.

Si hay una resistencia a hablar, a desvelar eso que de mí ni siquiera sé, y que se produce en las conversaciones, el terapeuta no es un adivino, no tiene una varita mágica que tiene las respuestas a todo con nada más veros. Es un profesional, alguien que trabaja y se implica en escucharos, pero la escucha tiene que ver con la palabra.

Eso que uno acusa y echa en cara, se convierte también en una lanza contra el terapeuta, donde se trata de invertir los papeles y lo utilizan también para acusarle y echarle en cara de eso que no me das y que yo necesito, como le pasa con sus otras relaciones. Se transfiere de relación en relación.

Estar en la demanda infantil, no jugarse ni querer transformar en nada la forma de relacionarse, seguir acusando y echando en cara, pero sin querer invertir en un espacio para trabajar.

La situación en la que estáis ya responde a una forma de pensar, a una tendencia donde no es cuestión de pautas, pasos, eso es algo superficial y muy genérico que no sirve para nada. Tal vez tendríais que pensarlo de otra manera ¿qué os lleva a estar en esa situación, a llevar las discusiones hasta ese punto? Para poder indicaros hay que establecer esa relación. Cuando uno se apunta a la autoescuela en la primera clase no se puede pretender saber ya conducir. Tiene que haber un trabajo, una constancia, donde se van estableciendo los pasos y ahí es cuando se pueden hacer indicaciones.

Si no, estamos hablando que puede haber un deseo de separarse o de seguir aferrados a esa forma de relacionaros, que, en muchos casos, es lo que más une, un síntoma que hace sufrir para tomar venganza hacia el otro.

Laura López, Psicoanalista Grupo Cero,

psicóloga y terapeuta de parejas

TERAPIA DE PAREJA, UN GRAN ACIERTO CUANDO LAS COSAS VAN MAL (artículo publicado en el diario La Razón)

Terapiadeparejaenmalaga

Muchas parejas se casan pensando que será para siempre pero lo cierto es que la cifra de separaciones y divorcios crece día a día. Permanecer años con la misma pareja se ha convertido poco menos que en una excentricidad. Laura López, Psicoanalista Grupo Cero y terapeuta de parejas, comenta que muchos de los problemas en la actualidad tienen que ver con no aceptar al otro y no tolerar las diferencias. Querer que la pareja sea como se piensa, revela, es un gran error y motivo de muchas rupturas. Anula el goce cerrando la puerta a la libertad y al deseo.

Esta profesional hace hincapié también en los problemas en la comunicación, donde puede estar muy interrumpida. Hay personas, señala, que llegan a confundir pensar, con hacer y hablar y son planos diferentes. Hablar es no contar, decirle a la otra persona lo más conveniente para la relación. Utilizar al otro como confesor, insiste, o de mamá a la que se le cuenta todo para tranquilizar la conciencia o recibir aprobación, es indicativo de inmadurez emocional. La escucha, resalta, también es imposible cuando “escuchar es escucharse a sí mismo en las palabras de otro.”A veces, apunta, se llena la cabeza de fantasías raras a la persona, produciendo celos y malestar y un daño importante. “Las palabras tienen consecuencias y por ello es necesario aprender a hablar, porque no hay mayor afrodisíaco que las palabras, y es lo que produce puentes para el acercamiento con el otro”. Pero también, afirma Laura López, “pueden hacer mucho daño”.Hay deseos inconscientes, explica, que se satisfacen en situaciones sufrientes: renuncias que se convierten en venganzas, hostilidades “enquistadas”, celos, envidia etc. que se ponen en juego de maneras incomprensibles, a través de discusiones “tontas” y que parecen ajenas a la persona.

El psicoanálisis en el seno de la terapia de pareja, declara, es una herramienta de máxima utilidad, porque ayuda a determinar y a transformar los conflictos con uno mismo y las trabas en las relaciones. Supone un autoconocimiento y una transformación de los aspectos infantiles que dificultan las relaciones. En los seres humanos, resalta, siempre hay contradicciones que se desconocen y que, bien canalizadas, son una fuerza y energía inestimables para la relación.La terapeuta de parejas explica que cuando no se tienen en cuenta los deseos y necesidades de cada uno, junto con la falta de acuerdos, llegan a convertirse en una olla a presión que estalla ante cualquier roce. Los celos, las infidelidades, el aburrimiento en la relación, la falta de deseo, los problemas en la sexualidad, conflictos con las familias políticas, discusiones continuadas etc. son motivo frecuente de consulta, explica, aunque hay personas que acuden para producir unos buenos cimientos emocionales y sexuales.

La forma de amar y desear, apostilla, transcurre de manera inconsciente en las personas y tienen su base siempre en aspectos afectivo-emocionales y sexuales reprimidos infantiles.

Los celos, apunta, se convierten en un campo de batalla porque pueden llegar a ser tan ilógicos, tan irracionales, que exigen muchas renuncias y pruebas, no siendo nunca suficientes. Lo que realmente ocurre, explica, es que son deseos que están en la realidad psíquica y que se disfrazan y se proyectan en la pareja, haciendo de espejo. Tienen que ver con los deseos propios de infidelidad, o deseos no reconocidos hacia las personas que se señalan. Los deseos no tienen ética ni moral, subraya Laura. Son mecanismos psíquicos complejos.En cuanto a la infidelidad, ella insiste en que no hay que dejarse llevar por lo aparente, hay una lectura diferente en cada persona y cada pareja que necesita de una interpretación, con ayuda del Psicoanálisis.

Laura López, Psicoanalista Grupo Cero y terapeuta de parejas, señala que la terapia de pareja es muy beneficiosa para la persona, porque además de mejorar y transformar las relaciones en la pareja, es una ayuda inestimable para todos los aspectos de la vida. La terapia es productora de deseo, finaliza.

CUANDO LOS TRAPOS SUCIOS NO SE LAVAN EN CASA

  En ocasiones, hay personas que, en plena crisis de pareja, se dedican a despotricar de su partener con familiares y amigos. Para ellos supone, en el momento, una descarga, un alivio para esa tensión,un desahogo donde esos conflictos inconscientes de amor-odio (que acontecen en base a modelos familiares, siendo éstas relaciones ambivalentes), desatan su lengua y depositan en el confidente un mar de intimidades que más que calmar la situación, la convierten en una tormenta de reproches, traición y deterioro de la imagen de los otros hacia su pareja… y cabe preguntar ¿qué respuesta espera, por parte del que escucha? Lógicamente, los verdaderos registros de la situación pasarán por alto para una persona que no tiene una escucha profesional y, lejos de ayudarla, la situación se complica introduciendo a terceras personas y reafirmando prejuicios, pensamientos e ideas preconcebidas que nada tienen que ver con la realidad.

  Los conflictos, los problemas, ocurren por la implicación de ambos componentes de la relación, si no obviamos esto, podemos caer en el narcisismo más propio de la etapa infantil: donde el yo, mi, me ocupa toda la esfera del conflicto, con su correspondiente victimización.

  La elección de pareja y la manera en que nos relacionamos es algo que cursa de manera inconsciente, es decir, no es algo del orden de controlar o pensar, es como cuando se dice que la razón va por un lado y los sentimientos por otro. No es cuestión de elegir si a los sentimientos o a la razón, sino de elaborar cómo es mi forma de amar, de qué forma gozo, cómo se producen ciertas situaciones en mis relaciones, hasta dónde llego, donde pongo límites, cómo llego a acuerdos con la otra persona, cómo es mi forma de amar o de elegir pareja…

 Porque no es cuestión de quien tiene la razón. Se buscan opiniones que nos den la razón, que nos hagan reafirmarnos en lo que decimos que pensamos, pero sabemos que siempre hay contradicciones hasta en nosotros mismos. Tal vez es ayudarnos a producir las palabras por venir, el encuentro con ese espacio de bienestar y amor y eso no es cuestión de blanco y negro, esto se tiene que hacer así o de otra manera, sino de conversaciones donde haya una escucha de un profesional que le puedan ayudar realmente a modificar algo de lo que a uno le hace infeliz. Se tiende a decir al otro cómo tiene que vivir y lo que tiene que hacer, pero un espacio donde te den esa libertad, no se metan en tu vida y te ayuden a pensar, no es sino en el diván, a través de las conversaciones con un psicoanalista.

Opiniones tiene todo el mundo, pero son en base a lo que uno haría, cómo piensa, su moral… La ayuda profesional te hace mirar y producir otra cosa, porque la forma de amar y desear se aprende en el seno familiar y, de alguna manera, vemos cómo se repiten ciertas cosas en uno como si de un destino cruel se tratara. Pero no es el destino, es la tendencia a la repetición, de ciertas cuestiones inconscientes que te llevan a vivir, relacionarte, y resolver de esa manera, y no de otra, la cuestiones de la vida. El Psicoanalista te ayuda, a través de conversaciones amables, a aunar corazón y razón, como se dice comúnmente, a hacerte dueño de tu destino y no ser un extraño de ti mismo, que boicotea la felicidad y el amor.

Laura López, Psicoanalista Grupo Cero 

Telf.: 951 21 70 06 / 610 86 53 55

www.lauralopezgarcia.com

ESTO NO ES LO QUE YO CREÍA

 
    Los años, la convivencia, el cambio que supone del noviazgo al matrimonio… son cuestiones que sirven como referencia a la hora de explicar una situación de crisis en la pareja o de planteamiento de la separación. La desilusión, las discusiones continuadas, la falta de deseo…se hacen presenten en el día a día e imposibilitan mirar más allá de un presente que cae en el abismo.
¿Pero qué hay detrás de esas “explicaciones” por otro lado tan ideológicas y que parecen tan normalizadas?
   Es necesaria la desilusión para comenzar a conversar, para construir un amor tocado por la palabra y más real. Cada persona tiene en su cabeza un ideal, algo que espera o cree, que no es otra cosa que él o ella misma reflejado/a en el otro/a o bien una estela de nuestros primeros objetos amorosos, es decir, la familia (padre, madre, hermanos/as). Tras toparse con la realidad, con otro ser que es semejante pero diferente, comienzan los problemas porque todos somos narcisistas y precisamente esas pequeñas diferencias son las que nos generan cierta hostilidad con el otro. Es muy común las peleas por cuestiones familiares o luchas de poder en cuestiones del hogar: que si esto se hace así, esto es lo normal, a mí me han educado así, criticar a la familia del otro… Esto tiene que ver con las diferencias que son muy intoleradas, donde se intentan repetir los respectivos modelos familiares, cosa por otro lado imposible, porque esas relaciones ya tuvieron lugar y hay que aprender a construir la propia con la persona que queremos convivir.
  A veces no sólo la intención cuenta, porque aunque es un paso importante el querer transformar una situación, a través de esas discusiones tan “tontas”, de los problemas sexuales, etc. se habla más allá de la palabra cuestiones que se encuentran reprimidas y que tienen que ver con maneras de pensar el amor, cuestiones con el deseo, con la maternidad, la paternidad, fantasías inconscientes, pensamientos que ni siquiera sabes que piensas pero que se reflejan en la manera de relacionarte y de sintomatizar. Hace falta de una escucha psicoanalítica para determinar de qué se está hablando realmente, que otra conversación encubierta se sostiene a través de esas “tonterías” que llegan en ocasiones a reproducir un auténtico campo de batalla. Cuando una discusión es muy exagerada, sospecha: hay algo más detrás que no podéis hablar y que desconoceis hasta vosotros mismos.
   Cuando las relaciones se hacen más consolidadas, hay más compromiso y se hacen más públicas, a todos los seres humanos les ocurre que en mayor o menor medida disminuye el deseo. Sigmund Freud nos hablaba de la clandestinidad de las relaciones, que hacen que se potencie el deseo, pues tiene que ver con lo prohibido, con el complejo de Edipo. Por eso que el hecho de contraer matrimonio puede poner en cuestionamiento a muchas parejas el hecho de si se siguen amando o no porque las relaciones se “familiarizan” demasiado (donde a veces se hace el papel de madre e hijo) y porque esa cuestión del deseo y lo clandestino desaparece.
   Mejor consultar con un psicoanalista terapeuta de parejas para poder descifrar y hablar de todo eso que te ocurre y que a la vez no comprendes. Los rumbos que toma el deseo son insospechados.
Laura López Psicoanalista Grupo Cero
y experta Terapia de Pareja y Sexualidad
Telf.: 610 865 355

HASTA QUE EL SÍNTOMA NOS SEPARE

    Hay relaciones de pareja que, vistas desde fuera, podría parecer que no tienen sentido alguno y que es incomprensible que permanezcan juntos a pesar de las discusiones, de la relación tan tormentosa, de la apatía o simplemente de las idas y venidas que se prolongan en el tiempo.
    Es importante que sepamos que una situación que se repite es porque hay un goce en ella. Goce es aquello que le da sentido, que sin ello no tendría razón de ser, es como una especie de satisfacción. Es muy paradójico, porque para pensarlo tenemos que acercarnos desde la teoría psicoanalítica, que nos muestra cómo funciona nuestra mente en profundidad, cómo son nuestros mecanismos psíquicos. Digamos que hay una parte inconsciente que es de donde provienen nuestros afectos, nuestros sentimientos, nuestra memoria…es una forma de energía que necesita manifestarse y cuando sale al “exterior”, es decir, a lo que llamamos conciencia, aparece de una manera deformada por la acción de ciertos mecanismos antes de atravesar la censura, esa puerta que no permite la entrada de los elementos reprimidos provenientes del inconsciente por ser escandalosos para la moral, y que por otro lado son la energía que mueve el motor de nuestro vivir. …. Pues bien, lo que puede parecer algo muy displacentero para la conciencia el psicoanálisis nos ha demostrado que hay un goce inconsciente ahí, por eso se repite. Por ejemplo, todos sabemos del masoquismo.
   Cuando en una relación hay situaciones que aparentemente son dolorosas, se repiten, hay como un “enganche” que es ese goce del que hablamos y que en realidad es lo que une a la pareja, es digamos, un síntoma en la pareja. No es el amor lo que los une, sino ese síntoma, esa satisfacción sustitutiva (que puede ser por ejemplo buscar inconscientemente castigo para aliviar una culpa inconsciente de ahí que la relación sea tan tormentosa, o repetir una situación conflictiva familiar de la familia de origen, donde la pareja es un fantasma emocional de ella). Hay parejas que comienzan a “curarse” de eso que los ha unido, que hace que “encajen” de una manera perfecta, donde cada uno hace un papel y que cuando el síntoma desaparece, también la relación se rompe o comienzan, trabajándolo en análisis, a transforman su manera de amar, a producir un amor basado en el bienestar. Porque ¡cuidado! puedes estar así toda la vida, unidos por el síntoma.
Laura López Psicoanalista Grupo Cero
y especialista en Terapia de Pareja y Sexualidad
Telf.: 610 86 53 55

INFIDELIDAD ¿PERDÓN, OLVIDO, RUPTURA?

NO HAY UNO SIN DOS, NI DOS SIN TRES. El otro es el que viene a marcar una separación, una distancia y lo que hace que se funde el deseo, que seamos deseantes más allá de la relación “simbiótica” con la madre. El tercero nos civiliza, viene a marcar esa separación tan necesaria para que podamos diferenciarnos y para poner la líbido en el mundo.
     En la complejidad del ser humano y en sus relaciones donde el amor, el deseo y el goce se conjugan frente al otro, ocurren muchas cuestiones que “se escapan”, que no se entienden, que uno cree tener bajo control pero que no funcionan, y donde la moral muestra un camino que se torna imposible y que ahoga, hace dar curvas para mostrar a veces un sin sentido que habla de nuestra verdad, la verdad del deseo.
    Hay personas que aun estando físicamente con la pareja, no se encuentran allí. Hay síntomas sexuales que hablan de que el otro no es, y traiciones que se cometen aireando aspectos privados de esa relación con otras personas. ¿Relaciones sexuales y el otro se entera? ¿No ha sido “sincera” esa persona y tendría que haberlo hecho de otra manera? Hay que tener en cuenta que aquello que ocurre en la relación tiene que ver con una implicación inconsciente de ambos, más allá de lo que se pueda señalar desde fuera. Lo que ha acontecido, la forma en que se ha desvelado y el hecho de que se haya desvelado, tiene que ver con otra cosa que lo aparente. NO HAY BLANCO O NEGRO, MAL O BIEN, eso entra dentro del orden de la moral y aquí no estamos hablando de eso, no es cuestión de juzgar a nadie ni de buscar culpables. Hay que recordar que nadie es posesión de nadie.
HAY QUIEN BUSCA QUERIENDO ENCONTRAR, porque en una posición neurótica, donde el estar bien, es muy intolerado. Es como si se provocaran pequeñas crisis para avivar la relación.
    Hay SITUACIONES DONDE LA INCLUSIÓN DE UN TERCERO MARCAN UN ANTES Y UN DESPUÉS en la relación, DONDE INCLUSO HACEN MEJORARLA. Sí, porque digamos que a veces funciona como un síntoma, donde señala que algo no iba bien. Hay personas que van renunciando a su parcela personal y en lugar de producir su propia vida y encontrarse con el otro en el orden del deseo, lo hacen aquejados de obligaciones, imposiciones y en el orden de lo necesario, y se busca así inconscientemente esa fusión de dos personas en una, recordando, claro está, a esa relación materno-filial. ¿Así cómo va a acontecer el deseo por el otro?
    También se confunde lo familiar, ser padre y madre, con ser hombre y mujer, y se aparta de esta manera la posibilidad de seguir construyendo la pareja. TODO ES PRODUCTO-EFECTO DE UN TRABAJO, TAMBIÉN EL AMOR Y EL DESEO. El hecho de que otra persona desee a la pareja hace que se vea como un hombre o como una mujer y se aviva la llama de la pasión. No olvidemos que se desean deseos.
     En otras ocasiones tiene más que ver con un deseo del que dice ser “víctima” de esa infidelidad (un deseo inconsciente) puesto en juego en la figura del otro. Por ejemplo, los celos paranoicos, tienen más que ver con un deseo reprimido, no tolerado, siendo la fórmula : yo no soy quien lo desea, sino mi pareja, y ahí, en esa fijación, poco importan las certezas que se puedan encontrar en la realidad, porque lo que está en juego siempre es la realidad psíquica, que es la que genera la realidad material.. HAY DESEOS PROPIOS QUE NOS ESCANDALIZARÍAN Y QUE SE MANTIENEN REPRIMIDOS. Reprimido no quiere decir olvidado, apartado, porque esos deseos tienen una energía muy fuerte que siempre se manifiestan de alguna manera, y lo hacen de forma disfrazada. Hay cuestiones reprimidas que están en la base de muchas problemáticas en la pareja y que no se ven, sólo se sabe de ellas por los resultados y es la interpretación psicoanalítica la que nos da luz, desmorona y transforma esos “síntomas”.
    CUANDO LA INFIDELIDAD SIRVE PARA ROMPER LA RELACIÓN ES PORQUE ESA RELACIÓN YA ESTABA ROTA, O PORQUE PUDO MÁS LA MORAL QUE EL AMOR. La moral puede llegar incluso a matar y hacer desgraciadas a muchas personas. No estamos hablando de la ausencia de límites, porque los límites son muy necesarios en la vida, pero también es muy necesario saber de nuestros deseos para llegar a conciliarnos con nosotros mismos y darles el cauce más apropiado posible. La palabra es un cauce para ello pero con la escucha y la interpretación del psicoanalista, porque no olvidemos que siempre hay un deseo inconsciente que se muestra como realizado en las situaciones más ilógicas y sufrientes que nos podamos llegar a encontrar.

Laura López, Psicoanalista Grupo Cero

Terapia de pareja y sexualidad

Telf.: 951 21 70 06 / 610 86 53 55

LO QUE SIEMPRE TE HAS PREGUNTADO DE LA TERAPIA DE PAREJA

 

¿QUÉ ES LA TERAPIA DE PAREJA?
    La terapia de pareja es una herramienta muy eficaz que proporciona una transformación en el seno de la relación, que o bien está anclada, estancada, o padece de diversas problemáticas que hacen ver la relación como sufriente, insatisfactoria, o donde la culpabilidad y el reproche nublan el día a día.
   También actúa como un lugar donde poder hablar y pensar cuestiones con una persona externa y profesional que le va a escuchar sin juzgarlo, atendiendo a la dimensión de sus deseos verdaderos, en esa complejidad humana. Hay cuestiones que si se tratan con personas cercanas, familiares, o la misma pareja, hacen que esas relaciones se estropeen. Opininiones todo el mundo tiene y uno siempre elige la que es más acorde a su forma de pensar. El profesional, en este caso terapeuta de parejas con formación psicoanalítica, va a escuchar aquellos elementos que pasan desapercibidos para otras personas, y que tienen que ver con los deseos inconscientes que producen a veces un conflicto interno y, en consecuencia, situaciones y relaciones que no se entienden y que se escapan a lo razonable.
¿PARA QUÉ SIRVE?
    Sirve, en unas ocasiones, para lograr tomar las decisiones más adecuadas para el seno de la pareja o de la familia y para la persona individual. Sabemos de cómo la moral y la ideología familiar hacen mella en la persona. Hay formas de pensar que coartan el desarrollo y la satisfacción individual, conllevando inevitablemente a rupturas y a posiciones en la relación donde el bienestar está ausente.
    También es muy importante para poder resolver y transformar problemáticas que se instalan en la pareja. El amor y el deseo son producto-efecto de un trabajo y hay prejuicios y deseos incosncientes (que son los verdaderos, los que guían nuestros pasos) que si no se les da el cauce adecuado, pueden hacer que no se construya una relación sana. Cada miembro de la pareja viene de familias diferentes, de una manera de entender el amor y el deseo, que a veces choca con el otro, haciéndose de espejo. Hay discusiones y cuestiones de las que nunca se sale de ahí, y se repiten una y otra vez, como en un bucle. Hay algo más allá de lo aparente, que guarda relación con elementos y conflictos internos de esos “fantasmas” familiares y maneras de aprender a amar y desear. No olvidemos que las primeros objetos amorosos y donde se aprenden los sentimientos es en el seno de las primeras familias.
    Hay personas que acuden como forma de consulta, para lograr tener un espacio y adquirir herramientas más realistas y acordes a sus deseos y a los de la relación. Otras, cuando ya están instaladas cuestiones que se les hace muy difícil sobrellevarlas: infidelidad, celos, envidia, monotonía, relaciones conflictivas, problemas en la educación de los hijos, problemas con las familias políticas, problemáticas sexuales (impotencia, eyaculación precoz, anorgasmia, falta de deseo…)
   Si alguno de los miembros de la pareja no quiere asistir, puede acudir la persona que sí lo desea, porque el hecho de que comience la terapia, va a permitir que esa relación de espejo se rompa, y pueda pronunciar otras palabras que le llevarán a otras reacciones y situaciones. Cuando el papel de uno de ellos cambia, el otro también actúa de otra manera.
¿PARA QUIEN ESTARÍA INDICADA?
    Estaría indicada para toda aquella o aquellas personas que quieran mejorar sus relaciones, que necesiten un lugar para poder hablar y liberarse de conflictos y cuestiones que le inquietan, para aquellas que quieran transformar una problemática en conncreto y, sobre todo, todas aquellas que decidan vivir mejor años futuros.
¿ES COMO DAR CONSEJOS?
    Consejos todo el mundo da, parace que es más fácil resolver lo ajeno que lo propio, pero los consejos son un arma de doble filo. Lo que sirve para una persona, para otra no es válido, e incluso en una misma persona no sirve tampoco dependiendo del momento.
   Además, cada uno va a hacer como suyo el consejo que sea más acorde a lo que uno piensa, y eso no le transforma a uno en nada, sino que le mantiene en esa forma de hacer que le está conduciendo a la insatisfacción o la problemática. Padecemos de nuestra forma de pensar.
   La terapia le proporciona una escucha en la que podrá entender cuáles son sus verdaderos deseos y donde se construirá una nueva personalidad que podrá utilizar cuando necesite. La terapia no se va meter en su forma de ser o de pensar, le ayudará a hacer los cambios necesarios y a resolver muchas cuestiones que no le permiten alcanzar un bienestar. La realidad depende de la interpretación que se haga de la misma, de su mirada, y la mirada está bañada por los prejuicios y por la moral. Hay cuestiones que se catalogan y se juzgan de manera que no se ve lo que realmente hay de transfondo, que el profesional terapeuta de parejas le va a ayudar a descifrar y permitirle saber que nada es lo que parece. El deseo a veces toma derroteros tan inverosímiles…
¿CÓMO SABEMOS QUE ELEGIMOS AL PROFESIONAL ADECUADO?
    Le recomendamos elija un profesional que se encuentre en formación continua, con el respaldo de una Escuela, que esté en una comunidad de profesionales, donde le garantice que esa persona cuida de su formación, tiene sesiones individuales propias donde cuida también de su salud mental y realiza supervisiones de casos.
    Hay personas que se hacen llamar profesionales pero quieren imponer una moral, una forma de hacer, se ponen incluso de ejemplo. Hay que sospechar cuando un profesional os cuenta su vida y encima se quiere meter en la vuestra.  Un terapeuta ha de dejar hablar y escuchar con el instrumento de la teoría (en este caso el psicoanálisis) para permitiros que podáis producir un puente de palabras para tomar las decisiones más adecuadas.
En muchas parejas acontecen cambios espectaculares, a través de conversaciones amables, ese lugar para poder hablar de eso que ni siquiera tú sabes.
Siempre hay éxito cuando la palabra interviene.

CUANDO UNA PAREJA NO ES UNA PAREJA

“Mujeres, separaos, que los obreros del mundo se unieron y fracasaron. Nosotras con nuestros cuidados maternales destruiremos a los hombres.” Uno de los personajes de una película de Miguel Oscar Menassa, nos muestra cómo la dialéctica maternal, cuando va más allá de los cuidados propios de la especie, puede llegar a destruir el desarrollo psíquico normal de un individuo. Si lo llevamos al terreno de la pareja, vemos muchas problemáticas en lo referente al amor y al deseo, al ser hombre, al ser mujer, amante y amado. Sin producir un encuentro con el goce, cercenan posibilidades y despliegan su sexualidad en esa regresión infantil, donde uno hace de madre y otro de hijo. “Con quién has estado”, “qué has estado haciendo”, “cuéntamelo todo”, “una pareja tiene que decírselo todo al otro, ¿no confías en mí?” son frases que circulan en una dialéctica cerrada que recuerda más a esa relación donde le contabas todo a tu mamá, una relación que tilda más de exclusiva y excluyente, donde el otro no es el otro, sino una rememoración infantil.
    ¿Haces de la persona que te acompaña, en lugar de una conversación abierta a la libertad y al goce de la conversación, un interrogatorio? Puedes estar reprimiendo al otro, y lo que se reprime, con más fuerza luego actúa. Se van generando sentimientos hostiles que no se les pueden dar cauce, aconteciendo irremediablemnte “síntomas” en la relación (como por ejemplo falta de deseo, problemas sexuales, e incluso trastornos psíquicos y somáticos)
Hay una parcela de intimidad imprescindible que hay que construir en la pareja, necesaria para el desarrollo individual y de ambos, para que cuando haya un encuentro, sean varios encuentros donde se desplieguen otras posibilidades, otras frases, otros pensamientos, otros de uno mismo que sorprendan, que estimulen el deseo. Porque una persona es el resultado de otras bocas, de otros encuentros, otras frases, pensamientos, lecturas…que propician el juego en la relación y establecer esa idndividualidad tan necesaria, porque no hay dos sin tres.
  ¿Qué es confiar? La confianza es permitir el crecimiento del otro. Reside en poder elaborar pactos posibles,en aprender a conversar para escuchar lo que realmente cada uno desea, observar los elementos que en uno y en otro se ponen en juego y darles un cauce adecuado. Es estar con el otro en el tiempo que toca, que uno tiene que estar, no en el antes ni en el después.
   Cuando el amor y el deseo están unidos en un mismo objeto, hablamos de una sexualidad adulta. Cuando el otro no es objeto de mi deseo, puede tratarse de esa madre fálica, totipotente, que todo nos calma ¿y así cómo vamos a desear? Se reviste a los objetos actuales en objetos incestuosos, en el sentido de que son posiciones inconscientes, que uno actúa, que se pone en ese lugar una y otra vez sin darse cuenta, repitiendo, en un juego de identificaciones con figuras familiares (con su papá, con su mamá…) cuestiones infantiles no resueltas donde él o ella (y ambos porque en una relación siempre hay un pacto inconsciente) reviven “sin querer”. Actúan en el presente como una proyección, una pantalla, y el otro no es el otro entonces, es un fantasma familiar, una repetición de una posición que no logra resolver. Hay quien repite las mismas frases, en el presente, a esa madre, de la cual siente no haber recibido cariño, o reclama a ese padre, en el otro, un amor que le fue vedado en su yo infantil, y que ahora inconscientemente borda en su tapete actual familiar.
   Nada es lo que parece. Por eso es que los consejos, las pautas, no sirven en una problemática que se extiende más allá de lo razonable. Uno hace, toma posiciones, sin darse cuenta, porque hay una tendencia que es más fuerte que uno mismo y eso, es algo inconsciente, que hay que resolver con un terapeuta de parejas con formación psicoanalítica.

Laura López, Psicoanalista Grupo Cero

y Terapeuta de Parejas y sexualidad

Telf.: 610 86 53 55

INTERCAMBIO DE PAREJAS

    ¿Un nuevo aliciente contra la desidia sexual? ¿Una forma de relacionarse? ¿Qué significa un intercambio de parejas? Intercambio de parejas resuena en el imaginario de cada persona de manera diferente.

    Para poder ahondar en la cuestión es importante determinar que puede existir aparentemente un intercambio de pareja, una persona por otra, pero ser psíquicamente la misma, esto es, la misma manera de relacionarse donde no importa el objeto (se denomina así al otro), sino la situación de “perjuicio del tercero”, donde el elemento que debe existir siempre es el hecho de que la otra persona esté comprometida, ligada, a otra. Es una condición de elección de objeto amoroso, de manera que incluso alguien que fue indiferente para la persona y hasta despreciada, mientras permaneció libre, ahora se constituye en objeto de amor en cuanto mantiene relaciones con otra persona. Se facilitan también la satisfacción de los impulsos competidores y hostiles contra la persona a quien se le “roba” su objeto amoroso.

    También hay otra condición que consiste en que la mujer casta e intachable no ejerce en la persona atracción alguna y, en cambio, la que es sexualmente sospechosa, cuya pureza y fidelidad se pone en duda, ejerce un intenso interés y pasión. Llevado al extremo, incluso hay hombres (también aplicable a la mujer en cuanto a su deseo sexual) que son impotentes con la mujer a la que aman y en cambio a las que no les une ese sentimiento amoroso de ternura, es a la que desean. Hay una disociación entre el amor y el deseo en una misma persona. Incluso puede llegarse a no mostrar ningún deseo de ser el único/a para la pareja y parece encontrarse muy a gusto en el ménage á trois.

    ¿Qué es lo que hace desplegar la sexualidad de una manera o de otra? Recordemos que el sujeto humano tiene una disposición sexual, desde que se es niño, en que puede gozar de cualquier cosa. En la conquista de su cuerpo, el pequeño infante va constituyendo sus zonas erógenas conforme va montándose el deseo en la necesidad, y los estímulos y sensaciones que van haciéndose carne y palabras en ellos a través de las primeras afectividades familiares y situaciones atravesadas por el Complejo de Edipo, que sobredetermina sus disposiciones ulteriores con otras relaciones.

    A veces el deseo está decaído, y se requiere de una innovación en la pareja y se demanda introducir un elemento que transforme la situación en la que ya se está en una relación de a dos, o no… A veces parecen una sola persona al unísono donde no está la incertidumbre, la sorpresa, la diferencia, que es lo que permite la aparición del goce.

    Contarse en la pareja lo que hacen con los otros en el intercambio, ni siquiera estar, sino contar, se convierte en un acto donde se reaviva la pasión, se pone en juego la fantasía. Recordemos que el goce del ser humano es el lenguaje, ese es su aparato de goce.

    ¿Pero qué ocurre si se sobrepasan los “límites” de lo pactado? ¿Y si aparecen los celos? ¿Y si surge un amor nuevo? Los celos son indicadores de que uno también es un deseo hacia el otro u otra que entra en juego en la relación. También es un amor para él o ella, forma parte, no hay exclusión. En la complejidad de ese anudamiento de necesidad, goce y deseo se juegan los pactos y se van descubriendo los caminos.

     Lo que hay detrás de la frase “intercambio de pareja” depende de cada cual, una cosa es lo manifiesto y otro lo latente, en qué está jugado uno en el deseo y en el despliegue del goce. ¿Es algo indispensable el intercambio de parejas para que el goce aparezca en vosotros? ¿Tal vez entra dentro de las fantasías que quieren llevarse a la realidad? ¿Hay miedo a perder al otro/a si no se accede a los deseos?

    Repito ¿qué hay detrás de esa frase? Eso lo podrán averiguar en el diván de un psicoanalista terapeuta de parejas, que les podrá ayudar a saber de su deseo.

     Intercambiar a la pareja puede tener que ver también con permitir que el otro o la otra puedan ser diferentes cada vez, no dejarlo en palabras anteriores, que haya una tolerancia al crecimiento en la otra persona, que pueda ser un hombre, mujer, distintos en cada encuentro y sorprenderse.

    ¿Nos hacemos responsables de nuestros deseos? ¿Qué hace que haya una invitación a otro tipo de sexualidad que provoca un montante de rechazo y otra de atracción? Se puede caer en la locura moral, la culpa, la insatisfacción…en la incertidumbre de una puerta que se abre y no se sabrán cuáles serán los efectos o si se quiere pasar la barrera o no. En cada uno está la moral acechando ¿y si me gusta más de lo que esperaba? ¿Y si me ocasiona un declive emocional? Los deseos están contenidos dentro de unas líneas que cada cual se va forjando. Conquiste su sexualidad, que significa también desplegarla a través de uno mismo y los otros, atravesada por las palabras, que es lo que nos diferencia de lo animal.

    Le ayudaremos a producir la más indicada para usted. Uno es el que decide, si está de acuerdo, o no tiene el registro de ese deseo pero…

    Goce de la sexualidad. No se martirice, y si se martiriza, acuda un psicoanalista, porque hay muchas maneras de gozar. Dejarse llevar por las palabras por pronunciar.

    Como indica Miguel Oscar Menassa en un aforismo: El sexo del amor quiere decir que no hay sexo sin amor, pero, fundamentalmente, que no hay amor sin sexo, que quiere decir: no hay amor sin palabras.

Laura López, Psicoanalista Grupo Cero

y Terapeuta de Parejas y sexualidad

Telf.: 610 86 53 55

 

 

LA SOBERBIA EN LA PAREJA

      Sin bajarse del burro, cada uno en su burbuja es imposible dialogar. La soberbia tiene que ver con el narcisismo. El narcisismo es algo necesario en el ser humano porque permite la conservación del sujeto. Por ejemplo, cuando hay algún peligro, permite retirarse. En el desarrollo humano, el narcisismo es máximo en el niño, tiene puesta toda su libido en el yo y, en el proceso de civilización, de la constitución del sujeto psíquico y social, ha de poder desligarla de sí mismo y rodear otros objetos, lo que implica poder amar a otras personas además de a sí mismo.

   Hablar de pareja ya indica un par, dos personas que renuncian a ellos mismos y pueden llegar a acuerdos, tolerar las diferencias, escuchar y hablar sin arremeter contra el otro, sin querer que sea como ese ideal, es decir como él o ella mismo.

    ¿Qué es estar en relación con otra persona? Aunque parezca evidente, no es estar consigo mismo o con el ideal. Cuando no se coincide con lo que se piensa o con lo que se espera, ahí comienza la batalla. Lo que ocurre que, como en las guerras, todo se pierde y nada se gana. Aprender a convivir también es renunciar a uno mismo, pero no a ese que construye la vida aún no estando el otro, sino a los deseos infantiles y sobre todo a la soberbia.

      Usar el sexo y el dinero como arma para fastidiar al otro es algo que habla de esa soberbia y sed de venganza. No mantengo relaciones con mi pareja como método para fastidiarlo/a, que también equivale a no puedo pero es porque inconscientemente es una forma de impulsar al otro a buscar fuera y seguir siendo víctima en la relación. Utilizo el dinero como un falo, como algo que se atribuye un poder y puedo someter al otro, no como algo que circula y es un medio para producir los deseos de ambos.

   Las diferencias no es algo que aleje, sino que le pone a uno en el orden del deseo humano. La diferencia es lo que hace que el niño pueda entrar en la sexualidad adulta, sucumbir a formas de satisfacción inmediatas y poder posponer para fines mayores, con otras personas, llegar un goce más civilizado, más allá del aquí y ahora, del mí, me, yo.

     Hay personas que están con otras como una forma de pacto inconsciente en el que se vengan de situaciones pasadas. Hay quien no puede ceder en nada ni separarse, porque así mantiene en su fuero interno una venganza del pasado, y le hace pasar al otro todo el daño que supuestamente le hizo, pero en ese mutismo interior, que es incapaz de elaborar. El pasado es lo que uno dice de él y jamás van a coincidir los recuerdos con lo que pasó. Nuestra memoria es como la arena del desierto, que va modificándose según cómo es nuestra moral, nuestra forma de pensar.

   Con tanto rencor no se puede vivir, es un muro que uno hace sobre sí mismo, para seguir construyendo ese pequeño niño tirano que no puede dar nada a nadie.

   Hay parejas que les une la venganza. No pueden separarse porque dicen quererlo pero a la vez no pueden ser amables porque recuerdan el pasado. La venganza se sirve en plato frío pero envenena a quien la da. Mejor con psicoanálisis para poder volar también con las palabras.

   Laura López, Psicoanalista Grupo Cero y

    Terapia de Pareja y Sexualidad